Ana Jiménez

 

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Mi historia con la fotografía empezó hace mucho tiempo. Cuando era muy pequeña insistía a mi padre para que me dejara su cámara y ser yo quien fotografiara.

Mi padre prefería enfocar él (al fin y al cabo la cámara era de carrete y las fotos estaban contadas), pero yo quería que me enseñara a hacerlo, y él siempre accedía.

Y de este modo, de su mano, fue como nació en mí el interés por la fotografía. Siempre veía y admiraba sus fotos, y lo sigo haciendo. Con el tiempo, llegó mi propia cámara y con ella empezar a mirar el mundo desde mi propio objetivo. Así, ese interés se convirtió en una gran inquietud en mí.

Hasta que un buen día, bien aconsejada y motivada, me lancé a cambiar mi gran afición por mi profesión. Sabía que me gustaba la fotografía de personas, captar sus sentimientos y sus emociones; sus miradas y sus risas. No quería encasillarme en un tipo concreto de fotografía porque esa no sería yo. Me gustan los recién nacidos, me encanta su olor, su forma de dormir, la felicidad que despiertan en todos los que les rodean. Los niños me vuelven loca con su frescura, ingenuidad y alegría, diciendo todo lo que se les pasa por la cabeza. Y soy una apasionada de los sentimientos, de expresarlos, de decirlos abiertamente y el mejor escenario para ello es siempre una boda. Por eso, de siempre, me encantan las bodas y en el momento de plantearme qué tipo de fotógrafo quería ser, sabía que quería ser también fotógrafo de bodas.

Nunca habría llegado aquí sin el apoyo de mis padres, el ánimo de David, y por supuesto sin la enorme confianza que tiene César en mí, sin su ayuda, su amor incondicional y paciencia. ¡Gracias a ellos soy una persona muy afortunada!

Muchas gracias por tu visita.

Ana Jiménez.